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Margara Mangione
Berazateguy, Argentina
Irak
Humo azul, densa niebla desolada
atravesando el muro de las horas,
lluvia cayendo en cortina silenciosa
calando huesos de estatuas vengadoras.
Edad sin tiempo, soberbia y codiciosa,
que se convierte en pleamar, y luego mengua.
Montes de fuego, cuyas filosas lenguas,
devoran carnes mustias y cansadas,
altar repleto de gárgolas violentas,
en noches de fatigas desveladas.
Miedo y horror, llenando cavidades,
desde el hondo suburbio de las venas,
ángeles negros que construyen ciudades
y atravesando eras de cibernética,
retornan a vivir con dinosaurios,
en danzas seductoras y frenéticas.
Dolor y más dolor en rebeldía,
cuerpos que se fragmentan y se esparcen
sacudiendo la modorra de los días,
de los que nunca quisieron inmolarse.
Muerte y escombros, destrucción y llanto,
la cuna de la humanidad se desvanece,
el hombre, que en su propia decadencia,
con su sed de venganza se envilece,
olvida que la vida es lo importante,
envuelto en su ambición se cree gigante
y por propia voluntad, desaparece.
Humo azul, jeroglífico que al cielo,
eleva el llanto de niños y mujeres,
viudas y huérfanos con hambre y con miseria
que ignoran tiempos de goces y placeres.
Espíritus que forman en las sombras
números de estadísticas fatales...
¿Cuántos muertos más son necesarios,
para acabar con todos estos males?
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